¿Qué debo hacer para ser salvo?

La pregunta «¿Qué debo hacer para ser salvo?» fue planteada, de hecho, por los judíos el día de Pentecostés. El sermón de Pedro compungió los corazones de ellos, y los llevó a plantear la pregunta. Esto fue lo que Pedro les respondió: «Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados…» (Hechos 2.38). De conformidad con la respuesta, el bautismo es tan esencial como el arrepentimiento. Saulo, llamado después Pablo, preguntó: «Señor, ¿qué quieres que yo haga?» (Hechos 9.6a).

Ananías respondió la pregunta en Hechos 22.16, diciendo: «Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre». Así vemos que el bautismo es un paso que debe dar el creyente arrepentido para llegar al lavamiento de sus pecados.

La pregunta fue planteada más adelante por el carcelero de Filipos: «Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?» (Hechos 16.30). La respuesta que dieron Pablo y Silas a este incrédulo fue esta: «Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa»; pero el relato no termina allí. Le predicaron para que creyera (vea Romanos 10.17).

El carcelero después «les lavó las heridas [se arrepintió]; y en seguida se bautizó él con todos los suyos» (Hechos 16.33). A estos hombres se les dieron diferentes respuestas a la misma pregunta, porque se encontraban en diferentes puntos del camino hacia la salvación. Sin embargo, todos dieron los mismos pasos. ¿Qué pasos sobre ese camino ha dado usted? ¿Se da cuenta de lo que necesita hacer? ¿Lo hará?

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  • Adaptado de The Greatest Question of the Ages, La pregunta más grande de todas las eras
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