LA GRACIA

INTRODUCCIÓN:

  1. La gracia es usada principalmente de las siguientes maneras:

 

I. ANTIGUO TESTAMENTO

  1. Hombres que recibieron gracia ante Dios ejemplo: Noe, Génesis 6:8
  2. Hombres que Dios le daba gracia ante los hombres ejemplo: José, Génesis 39:2-4
  3. Otros que recibieron favores físicos de Dios tenemos el ejemplo de: Naamán 2 Reyes 5:1-27

 

II. NUEVO TESTAMENTO

  1. La gracia es un Don, es el regalo de Dios para salvación, de acuerdo al nuevo pacto.
  2. La gracia es el don, el regalo gratuito que Dios provee, a través del sacrificio realizado por el Señor Jesús, para redimir, perdonar los pecados de los hombres. Es necesario de parte de los hombres aceptarla a través de la obediencia al evangelio.
  3. Todos los hombres hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios. Romanos 3:23.
    1. Merecíamos la muerte, Romanos 6:23a.
    2. Apocalipsis 21:8, la muerte mencionada es la segunda muerte en el lago de fuego y azufre.
  4. No hay nada que podamos hacer por nosotros mismos, sin tomar en cuenta a Dios, Tito 3:4-5
    1. Un buen ejemplo para ver que Dios no hace acepción de personas es Cornelio, Hechos 10:1-48
  5. Dios provee la Gracia, Efesios 2:5, “nos dio”
    1. El hombre la acepta o no
    2. Para alguien aceptar algo, debe haber alguien que la ofrezca. Tito 2:11-12; Hechos 20:24; Hechos 20:32.
    3. El hombre puede conocer de la gracia de Dios a través de nuestro trabajo de predicación y al oír, entender y obedecer el evangelio, alcanza la gracia de Dios.
  6. Debemos perseverar y crecer en la gracia de Dios. Hechos 13:43; 2 Pedro 3:18
    1. Tener cuidado de no caer y perder la gracia.
    2. Reciben la Palabra se bautizan pero no persisten o no cambian. 2 Corintios 6:1
    3. Después de llevar una vida como cristianos, nos volvemos al pecado o torcemos la enseñanza de Dios apostatando de la gracia. Hebreos 12:15;  Gálatas 1:6; Gálatas 5:4.

 

CONCLUSION:

  1. La gracia de Dios es para salvación de todo aquel que quiera aceptar el evangelio.
  2. Está en nosotros ofrecer esa gracia a todo aquel a quien, nuestra fuerza permita predicarle.
  3. Somos nosotros los representantes de Dios, de Jesús y de su palabra en la tierra. Sus emisarios, sus mensajeros.
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